La lucha por la independencia de Tibet no es tan simple como parece, es la consecuencia de una intrincada historia y de una ideología usada para conservar el poder (como es el caso de casi cualquier religión que se observe).
En 1911 el último emperador de la dinastía Ching aceptó que no era sostenible su gobierno y se pactó que él recibiría una pensión vitalicia y así dejaría que se conformara un gobierno republicano. Al mismo tiempo varias provincias se estaban declarando independientes pero la comunidad internacional no las reconocía. Tibet y Mongolia fueron dos de estas provincias. Beijing convocó a conformar un gobierno republicano aglomerando todo el territorio que había reunido la dinastía Ching, todos aceptaron menos Mongolia, los representantes de Tibet aceptaron pertenecer a China. Sin embargo, en 1907 Gran Bretaña y Rusia habían firmado un tratado en San Petersburgo donde reconocían la independencia de Tibet. El emperador Ching no supo de tal tratado.
Esta dualidad de documentos prevalece. Tibet aceptó en ese tiempo que sería parte de China con la condición de que solo dejaría que el ejército ocupara su territorio pero las decisiones internas de la provincia serían tomadas por el Dalai Lama. Así que no es nuevo que el ejército chino esté en territorio tibetano.
Estos monjes (que pueden tener hijos) están temerosos de perder su clase social (siguen un budismo aún con muchos rastros del hinduismo: castas) si China lleva a cabo todas las medidas que tiene pensadas para esa región. En Tibet, los niños recién nacidos son llevados al monasterio para que se hagan monjes, de lo contrario están en peligro de morir, ya que la población civil vive en extrema pobreza. El gobierno chino aprobó una ley que prohibe esto, diciendo que solo pueden convertirse en monjes hasta la edad de dieciocho años por su propia voluntad. China manda muchos niños a estudiar a Beijing y a otras regiones y luego los regresa a Tibet, en un afán por mostrarles lo diferente que es el mundo afuera de la tradición tibetana. El recién construido tren que conecta Lhasa (la capital de Tibet) con otras ciudades de China es mal visto por el Dalai Lama porque pone en peligro el entorno natural de Tibet, pero lo que teme es la apertura de la sociedad tibetana al mundo. China no hace esto por humanidad, sino porque sabe que legitimizarse en este territorio es importante ante el apoyo de Estados Unidos a Tibet.
El exilio del actual Dalai Lama es consecuencia de la represión comunista del gobierno chino ante las religiones. Destruyeron templos en toda China, no solo en Tibet. Un acto absurdo y devastador para la gente. Pasaron los años y la clase gobernante actual representa a los ricos, estos han reconstruido muchos templos, dejando aún más claro la relación entre poder, grupos religiosos y dinero.
El sistema tibetano incluía servidumbre de civiles a los monjes, estos sirvientos no poseían nada, practicamente eran esclavos, quizás ellos no se daban cuenta porque lo hacían según principios religiosos, pero no se puede aceptar un trato así a un ser humano sin antes haberle mostrado el caso opuesto y dejarlo a que decida por sí mismo. En 1959 el gobierno chino abolió la esclavitud, nuevamente, su propósito es quitar el poder a los monjes, pero tuvo consecuencias benéficas.
Es extremadamente difícil tomar una posición con relación a este conflicto actual en Tibet, es finalmente un problema de intereses políticos de ambas partes.
El budismo en su forma tibetana también es usado para preservar poderes, tal cual el cristianismo de Roma, o el islamismo en algunos países.
Sunday, November 04, 2007
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